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II. El viaje olvidado (Spanish
III. Limites (Spanish)
 

Roca Medicinal (Spanish)



Riquezas en historias

omerciantes, cazadores con trampas, exploradores, todos los que partieron rumbo al oeste por el río Misisipí durante los siglos XVIII y XIX, llevaban bien metida en la cabeza una historia u otra acerca de las fabulosas riquezas de los españoles en el suroeste. Lo que dominaba en la tradición popular eran historias de tesoros como las Siete Ciudades de Cibola, y aún más tarde en la mitad de los años 1840 apareció un libro que reafirmaba la existencia de El Dorado--el mítico "lugar de riquezas."

Mientras tanto, los cuentos sirvieron de conversación animada, al menos. En las cercan’as de las Grandes Cataratas del Misuri durante junio y julio de 1805, los miembros del Cuerpo del Descubrimiento fueron espantados por ruidos retumbantes semejantes a disparos de cañón, la "inexplicable artillería de las Montañas Rocosas," como dijo Lewis. Los jornaleros franco-canadienses de El Cuerpo, los engagés, ten’an ya su explicación: Aquellas explosiones tronantes no eran sino "los estallidos de las ricas minas de plata que contienen estas montañas."

La leyenda más surrealista entre todas era la que los españoles tenían más riqueza de la que podían usar. Naturalmente, había muchos hombres, tan codiciosos como crédulos, quienes estaban ansiosos de hacerles un favor a los vecinos menos afortunados. Camino de vuelta Misuri abajo, el 17 de septiembre de 1806, El Cuerpo se encontró con un barco cargado de comerciantes que salían rumbo a "Territorio Español" via río Platte, que estaban empeñados en establecer un puesto de comercio, les oyó decir eso el sargento John Ordway, para "atraer la venida de los españoles con su plata y oro y de esta forma comerciar por artículos, pues ellos están repletos de dinero más no tienen mercancías de ningún tipo."

Aun las mejores mentes de la época se hallaban dispuestas a creerlo. William Dunbar, un escocés matemático y astrónomo reputado como el mejor científico del oeste y en el oeste, que había emigrado a Nátchez en los últimos años de los 1790, aseguró a su buen amigo Thomas Jefferson que el territorio del río Red era no sólo un refugio de unicornios y serpientes marinas, sino también lugar donde se hallaban lingotes de plata desparramados para que se los llevara cualquiera.

Entre todas las ficciones, sin embargo, había al menos una pequeña porción de evidencia sólida para contemplar. Brazo Roto, un jefe indio Nez Perce, amigo de El Cuerpo, mostró a Clark una pipa de fumar de piedra "curiosamente incrustada con plata," que el jefe había recibido de los indios Shoshones, quienes , como Lewis ya hab’a aprendido durante sus conversaciones con los sabios del pueblo Sacagawea, comerciaban regularmente por caballos, mulos, ropa, conchas y metal con "gente blanca," españoles sin duda, a cierta distancia al suroeste.

Menos obvio, aparentemente, era el hecho de que aunque los españoles habían llegado a este hemisferio en busca de oro, permanecieron por la plata. Los míseros lavaderos de las minas de oro de Montezuma, tomados por rapaces conquistadores durante los años 1520, 30 y 40, se habían ya apagado para 1550. Entonces la plata se convirtió en el principal elemento de riqueza en la Nueva España, y fue así hasta 1819, cuando su imperio en el Nuevo Mundo desapareció a causa de internos revolucionarios y de americanos constructores de imperio.

Entonces, también, había evidencia como la muestra de arriba.

Evidencia de Peso

La singular “roca” arriba mostrada, que los indios Taovaya y Comanches reverenciaban como un relicario sagrado curativo, una "roca medicinal" apelada Po-a-cat-le-pi-carre, era en realidad un meteorito de hierro y níquel. Los historiadores creen ahora que era materia extraterrestre y como tal, observada primero por los comerciantes blancos en los años 1770, quienes crearon las historias del "mineral de plata" a quienes a su vez, les prestaron creencia Dunbar y John Sibley en cartas a Thomas Jefferson.

La Expedición Freeman-Custis no vio esta “Roca Medicinal,” porque aunque pudieran ser muy observadores, la roca se encontraba a millas de su camino, cerca del río Brazos, al oeste de Fort Worth. En 1810 los indios Taovaya y Comanches vendieron la roca a un comerciante llamado Anthony Glass--a quien el profesor Flores compara con John Colter del Cuerpo de Descubrimiento de la Expedición Lewis y Clark--y eventualmente encontró su lugar permanente en el Museo Peabody de la Universidad de Harvard. Con sólo 40 pulgadas de largo y 16 pulgadas de alto, pesa 1.635 libras.

Por fin todas las leyendas se hicieron realidad en junio de 1859, cuando Henry Comstock encontró una rica mena de mineral de plata cerca de Ciudad Carson, Nevada. Durante sus años de apogeo en los últimos de 1870 la veta Comstock produjo plata por valor de unos 36 millones de dólares anuales. La Ley Bland-Allison de 1878 marcó el inicio oficial de acuñación de monedas de plata en los Estados Unidos, y todavía llevamos en los bolsillos y bolsas recuerdos de aquellas viejas leyendas.

--Joseph Mussulman; basada en Flores, J&SE, 15-16 nota 19; 305-306 nota 35

II. El viaje olvidado (Spanish
III. Limites (Spanish)


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From Discovering Lewis & Clark ®, http://www.lewis-clark.org © 1998-2009 VIAs Inc.
© 2009 by The Lewis and Clark Fort Mandan Foundation, Washburn, North Dakota.
Journal excerpts are from The Journals of the Lewis and Clark Expedition, edited by Gary E. Moulton
13 vols. (Lincoln: University of Nebraska Press, 1983–2001)